Van ocho años desde que lo vi por última vez. Sus ojos se apagaron un veintiuno de abril, y con ellos un aparte de mí. Y aunque hayan pasado tantos años, y más vayan a pasar, aún recuerdo sus torpes pisadas, sus pequeños abrazos y como la lluvia lo hacía temblar.
No te hemos olvidado, y nunca lo haremos. Sus memorias siempre estarán en mí, en nosotros. Y aunque sus huesos se hayan vuelto polvo. Y el sonido de sus nombres se hayan extinto, nuestros recuerdos nunca lo harán.
Quisiera que alguna vez nos volviéramos a encontrar. Dicen que nos esperas a un lado del río, listo para subirnos a tu lomo e irnos en una última aventura. Tardaré muchos años en llegar, pues tengo otras aventuras que completar de este lado, hay muchos lugares aún a los que no he visitado, y otras tareas por completar, pero doy por hecho que mi última visita será para reunirnos.
Nos veremos a la cara nuevamente, sé que me esperan como me esperaban hace ocho años a las seis de la tarde, moviendo la cola y con ansias de reunirnos.
Para mi querido Samuel. Y también para sus hermanas.
Nos veremos.